Cuando hablamos del Imperio Mongol siempre aparece el mismo nombre: Gengis Kan. Y es lógico. El tipo consiguió unir a unas tribus que llevaban generaciones dándose hostias entre ellas y terminó creando una maquinaria militar que cambiaría la historia. Pero un imperio semejante no se conquista únicamente con un señor sentado en un caballo dando órdenes. Hacen falta generales capaces de convertir esas órdenes en campañas militares. Y entre todos ellos hubo uno especialmente peligroso: Subotai.
Subotai nació aproximadamente en 1175 y no pertenecía a la familia imperial. No era un príncipe destinado desde pequeño a gobernar territorios ni un hijo de Gengis esperando que papá le dejara unas cuantas provincias en herencia. Su carrera fue militar y terminó convirtiéndose en uno de los principales estrategas de Gengis Kan y posteriormente de Ögedei. Las fuentes modernas le atribuyen la dirección de más de veinte campañas y destacan especialmente su capacidad para coordinar ejércitos que operaban separados por cientos de kilómetros. Vamos, que mientras otros necesitaban tener a sus tropas delante para saber qué coño estaban haciendo, Subotai parecía dirigir medio continente desde un mapa.
Una de las campañas más espectaculares de su carrera comenzó en 1220. Gengis Kan envió a Jebe y Subotai con unos 30.000 hombres en persecución del sah Muhammad II de Corasmia. La misión parecía relativamente sencilla: perseguir al enemigo. Pero aquellos dos cabrones acabaron protagonizando una expedición gigantesca. Avanzaron por Persia, combatieron en el Cáucaso, derrotaron a diferentes enemigos y terminaron penetrando en las estepas situadas al norte del mar Negro.
Y entonces aparecieron los príncipes de la Rus y sus aliados cumanos. En 1223 ambos bandos terminaron enfrentándose junto al río Kalka. Los mongoles consiguieron una victoria aplastante y después continuaron su marcha hacia el este. Aquello era importante por algo más que la victoria. Jebe y Subotai habían recorrido una extensión monstruosa de territorio, combatido contra enemigos completamente diferentes y recopilado información sobre regiones que los mongoles volverían a visitar años después. Aquello parecía una invasión, una expedición de reconocimiento y un “ya volveremos, hijos de puta” todo al mismo tiempo.
Porque volvieron.
Subotai sobrevivió a Gengis Kan y siguió siendo fundamental bajo Ögedei. Participó en nuevas campañas en China y posteriormente recibió un papel protagonista en la enorme ofensiva mongola hacia Occidente. En 1236 comenzó la gran campaña que terminaría arrasando a los búlgaros del Volga, conquistando importantes ciudades de la Rus y llevando finalmente a los ejércitos mongoles hasta Europa Central.
Aquí es donde Subotai demuestra por qué su fama militar es tan enorme. Los mongoles no avanzaron todos juntitos formando una gigantesca procesión de caballos. Operaron mediante diferentes columnas capaces de penetrar por rutas separadas, derrotar fuerzas enemigas y coordinar posteriormente sus movimientos. En 1241 una parte del dispositivo mongol atacó Polonia mientras el golpe principal se dirigía contra Hungría. Eso obligaba a los europeos a responder simultáneamente a amenazas diferentes. Mientras intentabas averiguar qué coño estaba ocurriendo en Polonia, el verdadero problema podía estar cruzando los Cárpatos.
El momento culminante llegó en abril de 1241. El ejército del rey Béla IV de Hungría se encontraba junto al río Sajó. Los húngaros defendieron el cruce principal y ofrecieron una resistencia considerable. El problema fue que Subotai participó en una maniobra mediante la cual parte de las fuerzas mongolas cruzó por otro punto y golpeó desde el flanco mientras el combate continuaba alrededor del puente. Los mongoles utilizaron además máquinas de lanzamiento para apoyar el cruce.
El resultado fue la batalla de Mohi, una victoria decisiva para los mongoles.
Y aquí está la puta esencia de Subotai.
El enemigo veía un puente.
Subotai veía un río entero.
El enemigo veía el ejército que tenía delante.
Subotai estaba pensando en el ejército que aparecería detrás.
El enemigo preparaba una batalla.
Subotai preparaba una campaña.
No tenía poderes mágicos ni un ejército de extraterrestres. Formaba parte de una organización militar excepcionalmente móvil y disciplinada. Pero precisamente su capacidad para explotar aquellas ventajas fue lo que convirtió su carrera en algo extraordinario.
Además, cuando todo esto ocurrió, Subotai rondaba los 65 años. Estamos hablando del siglo XIII, cuando llegar a viejo después de pasar décadas recorriendo Asia mientras gente bastante enfadada intentaba atravesarte con una espada ya tenía bastante mérito. Pero este señor no estaba jubilándose. Estaba en Hungría organizando una de las campañas militares más importantes de la Edad Media.
La expansión hacia Occidente terminó frenándose después de la muerte de Ögedei en diciembre de 1241 y la posterior retirada mongola. Hasta dónde podrían haber avanzado los mongoles si aquello no hubiera ocurrido es una de esas preguntas históricas que generan discusiones interminables. Lo que sí sabemos es que para entonces Subotai ya había combatido en una extensión territorial absolutamente extraordinaria.
Murió hacia 1248, con alrededor de 72 años. Nunca fue Gran Kan. Nunca fundó un imperio con su nombre. Y probablemente por eso mucha gente que conoce perfectamente a Gengis Kan jamás ha oído hablar de él.
Pero piensa en esto.
Gengis Kan construyó una de las máquinas militares más impresionantes de la historia.
Y Subotai fue uno de los cabrones que descubrió cómo conducirla.

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