Cuando hablamos de las grandes amenazas que ha sufrido Europa solemos pensar en romanos, vikingos, otomanos o alguna de las muchas ocasiones en las que los propios europeos decidieron matarse entre ellos porque aparentemente quedarse tranquilos nunca ha sido una opción. Pero en el siglo XIII apareció desde las estepas asiáticas una amenaza completamente distinta. Un ejército que recorría distancias absurdas, aparecía donde nadie lo esperaba y tenía la desagradable costumbre de destrozar prácticamente todo lo que intentaba detenerlo.
Al frente estaba Batu Kan.
Batu era nieto de Gengis Kan e hijo de Jochi, el primogénito del gran conquistador mongol. Nació probablemente alrededor de 1205 y pertenecía a una familia donde las reuniones navideñas habrían necesitado un mapa de Eurasia para explicar qué territorios controlaba cada uno.
Cuando Gengis murió en 1227, el imperio fue repartido entre las diferentes ramas de la familia. Los territorios asociados a Jochi estaban situados hacia occidente, pero Jochi había muerto poco antes que su padre. Batu acabaría convirtiéndose en una de las principales figuras de aquella rama familiar.
Y entonces llegó el gran proyecto.
Conquistar el oeste.
En 1235, una gran asamblea mongola aprobó una enorme campaña occidental. Batu quedó como principal príncipe de la expedición, acompañado por otros miembros de la familia imperial y por uno de los mejores generales que había producido el Imperio Mongol: Subotai.
Y aquí conviene aclarar una cosa.
Batu era el príncipe que encabezaba políticamente la campaña.
Subotai era el puto cerebro militar.
Juntos formaban una combinación bastante desagradable para cualquiera que estuviera viviendo entre el Volga y Hungría.
La campaña comenzó en 1236 contra los búlgaros del Volga. Después los mongoles avanzaron contra los diferentes principados de la Rus.
Riazán fue destruida.
Después llegaron Kolomna, Vladímir y muchas otras ciudades.
Los mongoles avanzaban durante el invierno, algo que sorprendía a enemigos acostumbrados a que las grandes campañas militares se ralentizaran con el frío.
Para aquellos cabrones, en cambio, los ríos congelados podían convertirse directamente en carreteras.
En diciembre de 1240 llegó uno de los grandes golpes.
Kiev.
La ciudad fue asediada y conquistada por los mongoles. La antigua gran capital de la Rus quedó devastada.
Y Batu todavía no había terminado.
En 1241 comenzó la entrada mongola en Europa Central.
El avance se dividió.
Una fuerza penetró en Polonia.
Otra, encabezada por Batu y con Subotai desempeñando un papel fundamental en la estrategia, avanzó contra Hungría.
El 9 de abril los mongoles derrotaron a una coalición europea en la batalla de Legnica.
Dos días después ocurrió algo todavía más importante.
Mohi.
El rey Béla IV de Hungría había reunido un gran ejército cerca del río Sajó. Los mongoles atacaron la posición húngara mientras otras fuerzas maniobraban para cruzar el río y atacar desde diferentes direcciones.
El resultado fue una catástrofe.
El ejército húngaro quedó destrozado y Béla consiguió escapar.
Hungría estaba prácticamente abierta.
Durante los meses siguientes los mongoles ocuparon y devastaron amplias regiones. A finales de 1241 cruzaron incluso el Danubio congelado.
Y aquí aparece una de las preguntas más interesantes de toda la historia medieval.
¿Por qué coño no siguieron?
En diciembre de 1241 había muerto Ögödei, el gran kan del Imperio Mongol.
Tradicionalmente se ha explicado que los príncipes mongoles abandonaron Europa porque debían regresar para participar en la elección del nuevo gran kan.
El problema es que la explicación no es tan sencilla.
Batu no salió disparado hacia Mongolia para participar inmediatamente en la elección. De hecho, las luchas políticas dentro de la familia imperial fueron mucho más complejas.
También existían problemas relacionados con logística, territorio, resistencia, recursos y la propia situación política del imperio.
Así que decir simplemente que “Europa se salvó porque murió Ögödei” queda de puta madre en una película, pero simplifica demasiado lo ocurrido.
Lo que sabemos es que durante 1242 los mongoles abandonaron Hungría y regresaron hacia las estepas.
Batu estableció su centro de poder cerca del bajo Volga.
Allí surgiría el dominio conocido posteriormente como la Horda de Oro.
Y aunque los mongoles no conquistaron Europa occidental, su influencia sobre las tierras rusas fue gigantesca.
Muchos principados rusos quedaron sometidos al poder mongol y tuvieron que pagar tributos. Los príncipes necesitaban mantener relaciones con los kanes para conservar o legitimar su posición.
Batu se convirtió así en uno de los hombres más poderosos del mundo mongol.
Y todavía quedaba otro problema.
La familia.
Porque si Juego de Tronos hubiera ocurrido en Mongolia habría parecido casi un documental.
Batu mantenía una relación pésima con Güyük, hijo de Ögödei.
Durante la campaña occidental ambos habían tenido enfrentamientos serios.
Cuando Güyük fue elegido gran kan en 1246, aquello colocó a Batu en una posición bastante delicada.
Güyük llegó a avanzar hacia el oeste en 1248.
¿Iba contra Batu?
Es posible.
Nunca lo sabremos con certeza porque murió durante el viaje.
Conveniente de cojones.
Después Batu apoyó a Möngke, de la rama de Tolui, para convertirse en gran kan.
Möngke consiguió el trono en 1251.
Y Batu quedó como uno de los hombres más poderosos de todo el Imperio Mongol.
Murió alrededor de 1255.
No había conquistado toda Europa.
Ni falta que hacía para pasar a la historia.
Había dirigido una campaña que destruyó poderes enteros, sometió gran parte de la Rus y llevó al ejército mongol hasta el corazón de Europa Central.
Gengis Kan había creado el monstruo.
Ögödei lo había lanzado hacia occidente.
Subotai sabía cómo utilizarlo.
Y Batu Kan fue el príncipe que cabalgó al frente mientras Europa descubría que desde las estepas venía algo muchísimo más peligroso que otra puta guerra entre vecinos.
