Si preguntas a cualquiera por un emperador romano loco, hay muchas probabilidades de que salga un nombre antes que ningún otro: Calígula.
Y no es para menos.
La lista de cosas que supuestamente hizo parece escrita por un guionista borracho después de tres noches sin dormir. Incesto, asesinatos, humillaciones públicas, fiestas salvajes, guerras absurdas y hasta un caballo que, según la leyenda, estuvo a punto de convertirse en senador.
La pregunta es sencilla.
¿Estaba realmente como una puta cabra?
¿O estamos ante la mayor campaña de desprestigio de toda la historia romana?
Vamos por partes.
Calígula nació como Cayo Julio César Germánico. El apodo de «Calígula» significa «botitas», porque de niño acompañaba a las tropas de su padre vestido con una versión en miniatura del uniforme militar.
Era como si hoy un crío apareciera en un cuartel vestido de comando y todos los soldados le encontraran la gracia.
El problema es que el niño adorable acabó convirtiéndose en emperador con apenas 24 años.
Al principio fue recibido como una auténtica estrella del rock.
La gente estaba hasta los cojones del viejo emperador Tiberio, que había terminado su reinado aislado, paranoico y acumulando enemigos.
Cuando Calígula llegó al poder, Roma se volvió loca de alegría.
Hubo fiestas.
Celebraciones.
Sacrificios.
Y una sensación general de que empezaba una nueva era.
Duró poco.
Muy poco.
A los pocos meses enfermó gravemente. Nadie sabe exactamente qué le ocurrió. Algunos hablan de una infección cerebral, otros de epilepsia, otros de envenenamiento.
Lo cierto es que cuando se recuperó parecía otra persona.
Y aquí empieza la fiesta.
Las fuentes antiguas afirman que comenzó a ejecutar rivales por capricho, humillar a senadores por diversión y gastar cantidades obscenas de dinero en espectáculos, palacios y proyectos ridículos.
Según algunos cronistas, disfrutaba viendo sufrir a la aristocracia romana.
Y sinceramente, viendo cómo eran muchos senadores romanos, es posible que parte del pueblo incluso lo celebrara.
La historia más famosa es la de su caballo.
El animal se llamaba Incitatus.
Tenía establo de mármol.
Comederos de marfil.
Mantas de lujo.
Y sirvientes propios.
Los autores romanos afirman que Calígula quería nombrarlo cónsul.
Pero aquí viene el detalle interesante.
Puede que jamás tuviera intención de hacerlo.
Muchos historiadores creen que simplemente estaba vacilando al Senado.
Imagina el mensaje.
«Os considero tan inútiles que mi caballo podría hacer vuestro trabajo.»
Y siendo honestos, es uno de los troleos políticos más espectaculares jamás realizados.
Luego está la famosa guerra contra el mar.
Sí, has leído bien.
Una guerra contra el puto mar.
Durante una campaña militar ordenó a sus soldados recoger conchas en una playa y las presentó como botín de guerra conquistado al océano.
Durante siglos esto se ha utilizado como prueba definitiva de que estaba loco.
Otros investigadores creen que quizá había una razón simbólica o militar detrás del episodio y que los cronistas exageraron la historia para dejarlo como un imbécil.
Porque ese es el gran problema cuando hablamos de Calígula.
La mayoría de las fuentes fueron escritas por personas que lo odiaban.
Y cuando alguien quiere destruir tu reputación para la posteridad, suele adornar bastante los detalles.
Lo que sí parece cierto es que acumuló enemigos a una velocidad espectacular.
Senadores.
Militares.
Funcionarios.
Pretorianos.
Prácticamente todo el mundo importante terminó hasta las narices de él.
Y cuando eso ocurre en Roma, normalmente no acabas jubilándote tranquilamente en una villa junto al mar.
Acabas apuñalado.
Eso fue exactamente lo que pasó.
En el año 41 d.C., miembros de la Guardia Pretoriana lo asesinaron en un pasillo del palacio imperial.
Tenía apenas 28 años.
Había gobernado menos de cuatro.
Y aun así dejó una huella tan enorme que dos mil años después seguimos hablando de él.
¿Fue el emperador más loco de Roma?
Puede ser.
¿Fue una víctima de una campaña de propaganda brutal?
También puede ser.
Lo único seguro es que logró algo que muy pocos gobernantes consiguen.
Convertirse en una leyenda.
Porque cuando dos mil años después todavía no sabemos si eras un genio del troleo, un tirano desquiciado o ambas cosas a la vez, es que dejaste una marca de la hostia en la historia. 🏛️🐴⚔️🍷


