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Diego de Almagro
Diego de Almagro no tuvo la suerte de Pizarro ni el relato épico del vencedor. Fue el socio incómodo, el currante del Imperio, el que se dejó la vida empujando una empresa que luego otro cobró mejor. Y eso, en la conquista de América, era una sentencia de muerte lenta. Almagro no era tonto ni cobarde. Tampoco especialmente brillante. Era persistente, ambicioso y con una mala hostia bien guardada. Junto a Pizarro y el cura Luque montó la conquista del Perú como quien monta una startup salvaje: riesgo máximo, promesas infladas y cero garantías. El problema es que cuando llegó…
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Álvar Núñez Cabeza de Vaca
Álvar Núñez Cabeza de Vaca salió de España creyéndose parte del engranaje del Imperio y volvió convertido en un fallo del sistema. No cruzó el Atlántico para salvar almas ni repartir cariño. Fue a lo de siempre: explorar, mandar y sacar tajada. El problema es que el Imperio, a veces, te mete una hostia tan grande que te descuadra la cabeza. La expedición a Florida fue un desastre desde el minuto uno. Mala planificación, mandos mediocres, egos inflados y cero respeto por el terreno. Naufragios, hambre, enfermedades y decisiones de mierda encadenadas una detrás de otra. De cientos de hombres…
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Pedro de Valdivia
Pedro de Valdivia no tuvo la épica glamurizada de Cortés ni un imperio servido en bandeja. A Valdivia le tocó lo jodido: Chile. Un territorio largo, pobre, salvaje y con unos habitantes que no estaban por la labor de dejarse conquistar ni a hostias. Y aun así, fue. Porque había tipos que cruzaban el océano buscando oro… y otros que iban buscando su nombre grabado a cuchillo en la historia. Veterano de guerras europeas, curtido en matar y obedecer órdenes, Valdivia llega a América con el colmillo retorcido y una idea fija: mandar. No destacaba por su carisma ni por…
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Hernán Cortés
Hernán Cortés no fue un héroe limpio ni un villano de cómic. Fue, sobre todo, un tipo con ambición desmedida, mala hostia cuando tocaba y una fe ciega en que el mundo estaba para cogerlo por los huevos. Extremadura, siglo XVI, origen humilde y cero ganas de quedarse arando tierras. Cortés no quería sobrevivir, quería mandar. Y para eso había que cruzar el charco y liarla bien gorda.



