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Francisco Pizarro
Francisco Pizarro no fue un héroe de bronce ni un villano de opereta. Fue, sobre todo, un tipo duro criado a hostias por la vida. Bastardo, analfabeto, cerdo de oficio en su infancia y con más hambre que futuro, Pizarro no salió de Extremadura soñando con imperios, salió huyendo de no ser nadie. Y eso, en el siglo XVI, era motivo suficiente para cruzar medio mundo con una espada oxidada y cero escrúpulos.



